Las grandes extensiones que antaño se veían en la sabana de Bogotá que hoy son barrios de invasión ilegal; sin servicios, sin carreteras, sin alcantarillado, convirtiéndose en zonas donde aumenta la inseguridad y la intervención oficial se vuelve una ardua tarea; parece darse la mano con las zonas de “mayor planificación” de la expansión urbana, donde las problemáticas disminuyen pero no desaparecen, la inseguridad crece, los servicios son deficientes, la mayor diferencia es que el primero no tiene calles pavimentadas. Pero en relación con la carga medio ambiental no hay una diferencia significativa: dos espacios que se densifican en poco tiempo, que ocupan y construyen en espacios sin tener en consideración a los ecosistemas locales, usando los ríos, lo humedales, las lagunas y demás como cloacas donde desechan sus residuos y basuras. En términos medioambientales, los barrios de invasión y la “planificación” urbana en Bogotá son tan similares que su impacto se evidencia a simple vista en casi cualquier momento y situación.
Pero, ¿Por qué hablar sobre dos visiones de desarrollo en la ciudad, normalmente en las periferias, cuando en un escrito sobre un ave endémica de Cundinamarca y Boyacá?; hay que entender que el Cucarachero de pantano (Cistothorus apolinari) es una pequeña ave que se encuentra en peligro de extinción, es endémica de la región cundiboyacense y habita en zonas entre los 2500 y 3900 m de altura cerca a cuerpos de agua y en espacios donde la vegetación es alta y abundante. Por tal razón esta ave tiene por hábitats ideales los humedales, lagunas y algunos otros pocos espacios específicos de la región, espacios que han sido transformados casi en su totalidad por la acción del hombre, la expansión urbana, la contaminación y el vertimiento de residuos.
Esta especie se encuentra clasificada en peligro de extinción tanto nacionalmente como globalmente
La población de esta especie se encuentra en descenso desde hace varios años, sin embargo hay pocos escenarios su estudio efectivo para tomar acciones contundentes para su protección; uno de los pocos esfuerzos para la protección de este cucarachero es realizada por la CAR de Cundinamarca en su plan de manejo de la especie, donde predominan acciones de conocimiento y protección de los hábitats, así como la generación de buenas practicas de cuidad de esta ave cuando se encuentra en cautiverio y la rehabilitación de algunos individuos para su respectiva liberación en sus entornos naturales. Sin embargo, los estudios mas recientes de esta especie, que tendría que estar en observación constante por los organismos medio ambientales, son de hace algunos años y sus datos siguen siendo tomados como referentes: habrían entonces de 600 a 1700 individuos maduros de esta especie distribuidos en subpoblaciones muy pequeñas en algunos humedales de Bogotá, en zonas de Boyacá y Cundinamarca, en especial donde mayormente se concentran es en la laguna de Tota y la laguna de Fúquene.
El Cistothorus apolinari, es un ave de no mas de 13 centímetros, de plumaje café y pico delgado que se alimenta principalmente de insectos acuáticos pequeños. Esta especie se encuentra clasificada en peligro de extinción tanto nacionalmente como globalmente, ya que su población no superaría los 2500 individuos en total. En orden nacional se encuentra referenciada en el Libro Rojo De Las Aves, clasificada como especie en peligro critico (CR) e internacionalmente se ve referenciada en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN donde se encuentra clasificada en Endangered (EN). Estas clasificaciones dan razón de la necesidad de proteger esta especie ya que su disminución puede hacer que desaparezcan completamente.
Bogotá tendría que sufrir culpa por dejar extinguir algunas especies como el Zambullidor Andino
Para proteger a astas aves, por su característica sedentaria y necesidad de un hábitat especifico para su desarrollo, es necesario generar acciones directas sobre los ecosistemas en que estos sobreviven. Uno de los mayores factores que incidieron en su disminución y casi desaparición es la ciudad de Bogotá, como se explicó al inicio, y su incidencia sobre los humedales ya que al ser endémica de la zona y no ser una especie migratoria se ve afectada directamente por los cambios en su hábitat, es decir por la presión que se genera en sus territorios por la acción humana, en términos de expansión urbana, cambios de uso de suelo, deforestación, desaparición de cuerpos de agua, etc.
Esto no solo tendría que ser un indicador de la poca capacidad que se tiene de lo frágil que resulta ser los ecosistemas aledaños a los asentamientos humanos, en especial a las grades ciudades, sino una consecuencia de no generar un equilibrio entre las políticas urbanas y las políticas medio ambientales que se reflejan en el choque entre las comunidades y la “planeación” de entornos urbanos donde el suelo es (o era) rural, la desaparición de espacios para la ruralidad en algunas localidades de periferia de Bogotá y, más doloroso aún, la desaparición de especies como ya ha sucedido en Bogotá. Además de las especies que han desaparecido de la zona o han migrado a otras regiones, también Bogotá tendría que sufrir culpa por dejar extinguir algunas especies como el Zambullidor Andino, extinto en los años 70.
significaría que estamos avanzando un poco en relación a la lucha contra los problemas medioambientales a nivel global y la lucha contra el cambio climático
Además de las cuestiones políticas que puedan arrastrar como un lastre el debate sobre el medio ambiente, es claro que si desaparece una especie por la incidencia directa en su hábitat, significa que estos escenarios naturales quedan a merced también de la desaparición, lo que implica problemas medioambientales que desembocarían en desastres que no habría que imaginar porque son cosas que ya se han visto, grandes inundaciones, desbordamiento de ríos, lluvias torrenciales o sequias prolongadas que ocurrirían por el hecho de generar desequilibrios en el ecosistema.
Tomemos a este pequeño cucarachero como una señal de alerta, si su población vuelve a los hábitats de los cuales son propios, no solo se verá beneficiada esta especie, se beneficiará todo el entorno, porque significaría la recuperación de los ecosistemas naturales de los que depende, volverían los humedales y lagunas a cumplir su función en el territorio y significaría que estamos avanzando un poco en relación a la lucha contra los problemas medioambientales a nivel global y la lucha contra el cambio climático que nos aqueja hoy en día.